martes, 8 de mayo de 2012

El asesino hipocondríaco es un guiño gamberro al género negro, un digno experimento consistente en un vademecum de grandes hipocondríacos (escritores y filósofos) con sus hipocondrías. Un hombre, Eduardo Blastein, psicólogo, que debe morir a manos de su asesino, el señor Y., antólogo de dolencias imaginarias a cual más rara. Disparate, ternura, soledad, y crítica perfectamente disimulada.
Mi reseña en Ojos de Papel

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4400



lunes, 23 de abril de 2012

Día oficial de la letra impresa. Por fin descubro el secreto de S. Jordi (al llegar a determinada edad uno no hace ciertas preguntas por temor al ridículo, y tampoco puede malgastar el poco tiempo que tiene que aprovechar, buscando en la wikipedia): el dragón, S. Jordi, la sangre del dragón, la rosa, la princesa (vaya usted a saber si la rosa roja tiene alguna explicación sicoanalítica que enlaza con el himen de la princesa...).
Y eso a través de los deberes escolares de mi hijo, el de primero de primaria, el del colegio público andaluz: el chico regala una rosa roja a la chica, la chica regala un libro al chico, y aquí paridad y después gloria.

Fastidios de efemérides y celebraciones comerciales. Aunque este día que tiene los minutos contados también es una oportunidad.

Por mi parte el mes pasado me ocupé de Vladírmir Korolenko, muy distinto en su "Músico ciego" de aquel otro que conocí en "Sin lengua".

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4316


Y en abril de un libro revelador de un autor que desde el propio Marruecos me señalan que es un autor emblemático para ellos: Edmon Amran El Maleh

 http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4366




Y cuando se mezclan poetas y narradores y fútbol, el sábado 21 de abril, día del en que juegan los dos equipos, como en uno de esos relatos fantásticos malos, uno se encuentra  de pronto metido en un partido de fútbol arbitrado por el Gran Wyoming.




http://www.granadahoy.com/article/ocio/1239340/la/prosa/gana/verso/por/goleada.html

Y todas las foticos del evento y actuación arbitral, por cortesía de Manuel M. Mateo en:

 http://elojodemateo.blogspot.com.es/2012/04/iv-encuentro-de-futbol-poetas-vs_22.html









lunes, 13 de febrero de 2012

El cerebro de Buda. La neurociencia de la felicidad, el amor y la sabiduría. Rick Hanson y Richard Mendius (Editorial milrazones, 2011).

Es fácil olvidar las pautas y consejos contenidos en los manuales. Yo por ejemplo olvidé casi por completo el teorema de Torricelli. Con los manuales de sicología pasa igual. Del tan renombrado en su momento libro de Golemann que leí hace años, ya sólo me acuerdo de que debo evitar a toda costa el denominado "secuestro emocional".De "El cerebro de Buda", creo que lo único que no olvidaré es que uno mismo tiene que quererse más. Y lo de la puñetera prevalencia en el cerebro de las experiencias malas sobre las buenas, a pesar de que siempre decimos que los malos momentos se olvidan.
Es una obra que admite dos lecturas: la del que lo toma como un libro de cabecera y pone en práctica los trucos y consejos con que sobrellevar determinadas situaciones, o una lectura más ligera y divulgativa. En cualquier caso los puntos clave al final de cada capítulo contienen un resumen muy interesante. Y en cualquier caso, mi reseña sobre él en la revista Ojos de Papel:

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4296

miércoles, 4 de enero de 2012

TRASPASANDO LAS FRONTERAS DE LA NARCONOVELA






A Élmer Mendoza se le puede considerar el rey de la narconovela, pero sería injusto reducirlas a ese ámbito, ya que hablamos de verdaderas radiografías del México actual.
Este año 2011 que se nos fue nos trajo una nueva entrega del agente Mendieta, con La prueba del ácido, y la reedición de su primera entrega Balas de plata.

Mi reseña sobre ambas en la edición de Ojos de Papel de este mes.

http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4242






viernes, 16 de diciembre de 2011

DOS POR TRES CALLES IBAN ESTRECHOS


Elogio de la media distancia es la partida de bautismo de esa zona fuzzy que es el camino que media entre dos oponentes que siempre andan midiendo sus fuerzas en el rectángulo tipográfico de la mancha de texto: novela y relato. Volpi la nombra y eso la materializa: media distancia.


De modo que inspirados por las reglas de la media distancia que él mismo esboza en ese miniensayo/manual de instrucciones nacen los media distancia contenidos en Días de ira: tres narraciones en tierra de nadie.



Una serie de circunstancias podrían habrían hecho de este libro algo soporífero: la elección de un vehículo, el del mal, tan trillado, la prosa recargada de "A pesar del oscuro silencio", por ejemplo, pero hete aquí que va el hombre y le da la extensión justa para decir lo que quiere y no cansar.


Experimentos sin gaseosa y con final feliz (no las narraciones, si no el del objetivo logrado) que comento esta semana en La Biblioteca Imaginaria. Si prefieres mirar en lugar de imaginar, lo encontrarás en este link http://labibliotecaimaginaria.es/page10.php?post=1426

jueves, 15 de septiembre de 2011

LARRY BROWN EN CHERNÓBIL





El narrador de "La aprendiza", relato bien descriptivo de lo que debe ser la realidad de cualquiera empeñado en ver publicada su obra, se ve obligado a hacer horas extras en la central nuclear donde trabaja, para que su mujer no tenga que trabajar y así pueda seguir escribiendo, y para estar apartado de ella: se evitan distracciones, se evita que ella descargue el tsunami de su mal humor.


De Larry Brown hablo esta semana en La Biblioteca Imaginaria, mejor dicho, de su "Amor malo y feroz".


Y de lo que no se habla ahora es de la fuga radiactiva desatada en Fukushima por el tsunami o el terremoto (ya no me acuerdo), del mismo modo que después no se habló más de Chernóbil.

El protagonista del relato de Larry Brown dice que se arriesga a recibir dosis extras de radiación, aunque todo sea porque su chica triunfe. En Chernóbil triunfó la mentira, y por eso conviene la lectura de este otro libro que reseñé en la edición anterior de La Biblioteca Imaginaria. Una obra que celebra los 25 años del desastre respondiendo muchas preguntas y dándonos un puñetazo en la boca del estómago, un libro que hace saltar el contador Geigger de nuestra conciencia adormecida.


Ambos comentarios en La Biblioteca Imaginaria.


viernes, 22 de julio de 2011

DE AQUÍ Y DE ALLÍ

"Sin lengua", de Vladímir Korolenko (Editorial Barataria) y "Padre, hijos y primates" de Jon Bilbao (editorial Salto de Página), son las dos novelas que he reseñado este mes, y cuyas portadas por algún problema de este puñetero programa no puedo insertar.
Dos libros a bastantes años el uno del otro, dispares, por cuanto huyen de la estructura de la novela (la primera tira hacia el cuento antropológico, la segunda quiere ser relato largo. La primera narra una peripecia casi física con un Nueva York de fondo que se prepara para lo que vendrá después, una ciudad hostil, un campo de entrenamiento para supervivientes como el que describe Antonio Ruiz Vilaplana en "Destierro en Manhattan. Refugiados españoles en Norteamérica" (Zimerman editores, 2010). La segunda describe dos turbulencias, la exterior que se vive gracias al huracán que alcanzará el Yucatán, y la interior que vive (o que construye y tiene que creerse) el protagonista.

En http://www.ojosdepapel.com/Index.aspx?article=4097 la reseña sobre el libro de Bilbao, y aquí mismo la de Korolenko, dos buenos materiales para pensar en vacaciones (no "en" las vacaciones).


Título: Sin lengua

Autor: Vladimir Korolenko

Traducción: Luis Abollado Vargas

Editorial: Ediciones Barataria

Págs: 191

Precio: 17 €



Nunca pensé encontrar en cualquier floristería una tarjeta de felicitación que incluyera alguna frase de Alfonso X “El sabio” (en castellano de ahora corriente y moliente, of course): “Quema leños viejos, bebe vino viejo, lee libros viejos, y ten viejos amigos”. Pero ahí estaba, entre anthurium, orquídeas y pequeños cactus, un ramillete de palabras que me dio que pensar que lo mismo que los azúcares del vino se transforman en alcohol, algunos libros viejos llegan a convertirse en viejos amigos. Sin duda, “Sin lengua”, de Vladimir Korolenko es uno de ellos, aunque lo tenga apenas recién leído.

“¿Qué hay de nuevo, viejo?”, lanzaba siempre desafiante Bugs Bunny, y a mí me fascinaba esa mezcla de los antagonistas nuevo y viejo en una pregunta. ¿Qué hay de viejo en este libro ahora nuevo gracias a Ediciones Barataria? Me parece que únicamente la fecha de nacimiento: 1895. Bueno, también su carácter de narración antropológica con la que Vladimir Propp se frotaría las manos por aquello de que quizá se ajuste perfectamente a su “Morfología del cuento”: partimos de la descripción histórica y social de una aldea ucraniana donde la vida es difícil (p. 51: “El pez busca hondura, y el hombre hartura”), donde coexisten entre otros personajes un “tonto” colosal en su figura y fuerza proverbial, (Matvei “el timón”) y un “listo” adaptativo y físicamente débil (Iván Lozinski “El humos”) que salen en busca de fortuna. La hermana de Matvei se extravía en el viaje (una doncella a quien salvar). Siguiendo las pautas de Propp tenemos las dificultades del héroe, la transformación profunda de los personajes (durante el viaje en barco se nos desvela un Matvei que aunque no encuentra palabras para expresar su pensamientos tiene una altura mental a la que el narrador presta profundidad poética. En las circunstancias actuales a su amigo y compañero Iván no le basta con su mínima picardía rural…) ¿Y qué hay de nuevo? Para empezar, el viaje que emprenden a un universo desconocido, tiene como destino otro continente en las antípodas ideológicas de la vieja Europa: una Norteamérica en construcción que está naciendo al mundo, y ellos concretamente apuntan a su núcleo, esto es, Nueva York. Como no empeño con ello ningún honor me da igual si meto la pata, así que me parece oportuno señalar que por las venas de esta novela fluye un plasma futurista (hay que esperar hasta 1909 para que Marinetti publique su manifiesto), que adivinamos en ese canto a las máquinas en forma de asombrado temor totémico ante los tranvías que nunca han visto, el ferrocarril que nunca imaginaron, las casas de altura babilónica que nunca divisaron. ¿Qué más hay de nuevo, viejo? Pues que es una obra moderna: se permite interrumpir el hilo de la narración transcribiendo noticias (“sueltos periodísticos” le llama) que vienen a apoyar lo que se cuenta haciéndonos oscilar en la duda de cuánto hay de mentira y de verdad en toda esta “historia”.

Novela moderna y novela vademécum: recuerde el viaje iniciático del archiconocido griego; contiene un Cándido; podría hablarse por momentos de un narrador a lo Walt Whitman que en muchos momentos celebra la naturaleza… Pero ante todo es un ensayo social, una obra humanista que critica la esencia de la vieja Europa, sus separatismos económicos estancos, sus odios religiosos (pogromo de Dubno contra los judíos) frente a la armonía universal de esta nueva tierra de promisión… Ojo, no estamos hablando de un iluminado, de un converso. Con la leal determinación del testigo valiente, con un envidiable tacto pedagógico también despliega los planos del lado más oscuro de esta maquinaria en la que los engranajes empiezan a atascarse: los tejemanejes de unos poderosos emergentes que el cine negro se encargará de revelar en celuloide. ¿Y qué más? Pues que Tana Janowitz debió leer “Sin lengua” antes de publicar su “Un caníbal en Manhattan” (me parece que Anagrama lo ha reeditado en 2011). Naturalmente y como no podría ser de otra forma si hablamos de literatura, (aunque hace los veintitantos que lo leí y no podría fiarme mucho de mi memoria), aquel libro que coloca a un ex-caníbal procedente de Papúa Nueva Guinea (recordemos que el canibalismo lo prohibieron en Papúa Nueva Guinea en 1953, si estoy en lo cierto, aunque sí es cierto que no dejó de practicarse a tenor de la presencia de “kuru”, o sea nuestra encefalopatía, a causa de la ingesta de cerebros humanos) en el centro de un Nueva York años 70-80 de artistas conceptuales donde a partes iguales se conjuga la comicidad y la tragedia que Vladimir Korolenko insufló muchos años antes en esta novela que estamos tratando, (aunque en Korolenko el combustible es la imposibilidad de comunicarse, página 20, “Pues es verdad. Sin lengua va uno como un ciego o como un chiquillo”, en Janowitz son las costumbres, el perfil antropológico).

Yo creo que todo está dicho, aunque voy a añadir lo que se dice a sí mismo nuestro particular Ulises, nuestro Matvei “El timón” en la página 31: “Porque las personas son propensas a la compasión y al amor, sobre todo en tierras extrañas”.

Un libro, cómo no, es tierra extraña. Por eso siempre tememos perder el tiempo, lo más valioso, adentrándonos en sus páginas. Pero al calor del amor y la compasión que inspira este libro viejo, se sentirán cobijados los viejos. Y la aventura y las situaciones complicadas harán crecerse autosuficiente, a cualquier joven que abre los ojos al mundo y tiene que aprender a caer, caer y levantarse, con la ayuda, también por qué no, de los libros viejos. Hagan caso a Alfonso X “El sabio”, que dijo aquella frase del principio, y que de esto debería saber un rato.

José Cruz Cabrerizo